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25/05/2026

“Los objetivos climáticos deben ir de la mano de la competitividad económica”

Europa se enfrenta a una doble exigencia: avanzar en sus objetivos climáticos sin perder competitividad industrial en un entorno global cada vez más exigente. En este delicado equilibrio se sitúa Katja Scharpwinkel, miembro del Consejo de Dirección de BASF y ex vicepresidenta de Consejo Europeo de la Industria Química (Cefic) que será la ponente invitada en la Gala Dinner de Expoquimia el próximo 3 de junio. Desde Ludwigshafen, donde dirige el mayor complejo industrial del grupo y lidera áreas clave como la gestión de los sites europeos y la transformación industrial, analiza un momento decisivo para el futuro de la química en Europa. Hablamos con ella a pocos días del inicio de Expoquimia.

¿Cómo describiría la situación actual de la industria química europea en términos de competitividad, inversión y regulación, en el contexto de los retos geopolíticos actuales?

La industria química europea atraviesa un momento especialmente complejo. El comercio mundial, el enfoque hacia las tecnologías clave y la forma en que interactúan los Estados están cambiando de manera radical, y no hay vuelta atrás. Este nuevo escenario redefine las reglas del juego y no admite dudas ni inmovilismo. En BASF somos plenamente conscientes de ello. No esperamos a que el entorno cambie por sí solo, sino que tomamos la iniciativa, impulsamos nuestra transformación y nos centramos en aquello que está bajo nuestro control.

En términos generales, el sector químico europeo soporta una presión muy elevada. A pesar de las múltiples iniciativas en marcha, sigue faltando una visión global que permita recuperar una senda clara de crecimiento. Europa avanza con demasiada lentitud y de forma poco coordinada a la hora de aplicar las soluciones ambiciosas que exige uno de los momentos más decisivos de las últimas décadas.

¿Cómo se está traduciendo esta situación?

Estas dinámicas ya se reflejan con claridad en las cifras. En los sectores clave, los cierres de plantas y la destrucción de empleo han alcanzado una dimensión nueva y preocupante. Solo en la industria química, el número de cierres en Europa se ha multiplicado por seis desde 2022: casi el 10 % de la base productiva europea ha desaparecido. Las inversiones se han estancado y grandes empresas están desinvirtiendo en activos europeos. Hasta ahora se han perdido unos 20.000 puestos de trabajo directos y cerca de 90.000 empleos indirectos están en riesgo. No estamos ante una recesión cíclica, sino ante un cambio estructural.

¿Qué nos dicen realmente estos datos?

Que es imprescindible comparar la posición europea con la del resto del mundo, especialmente en ámbitos como los costes energéticos, las vías de transformación ecológica y el marco regulatorio. Puede resultar incómodo reconocerlo, pero una parte importante de la pérdida de competitividad industrial tiene su origen en Europa. Y esa constatación implica algo fundamental: si el problema está aquí, la solución también debe encontrarse aquí.

Si tuviera que señalar un ámbito de su sector en el que Europa sea (todavía) competitiva, ¿cuál sería?

Nuestras empresas se enfrentan a la competencia mundial a diario. Todo gira en torno a la innovación, la rapidez y, sobre todo, a la competitividad en costes. Debemos ser más ágiles, más pragmáticos y estar más centrados. Existe una desventaja significativa en aquellos productos cuyos costes dependen principalmente de las materias primas y la energía, como las materias primas básicas y los productos químicos básicos.

En términos generales, la competitividad dentro de la industria química tiende a aumentar a medida que se avanza en la cadena de valor. Esto se debe a que la proporción y la relevancia de los costes energéticos y de materias primas disminuyen, mientras gana peso la innovación y la capacidad de ofrecer soluciones específicas para cada cliente.

¿En qué merece la pena invertir?

En BASF hemos puesto en marcha recientemente en Ludwigshafen la primera planta de producción del mundo de catalizadores impresos en 3D. Esto permite a nuestros clientes reducir costes, disminuir emisiones y aumentar la eficiencia.

Otro ejemplo son los productos químicos de proceso de pureza ultraalta necesarios para una producción de semiconductores sólida y resiliente en Europa. Coches, teléfonos inteligentes o centros de datos para inteligencia artificial dependen de ello. Por esta razón, en Ludwigshafen estamos construyendo dos nuevas plantas: una de ácido sulfúrico y otra de hidróxido de amonio. Ambos productos se fabricarán en grado electrónico, lo que implica una pureza extrema, una de las tareas más exigentes de la química. En toda Europa, estas serán las dos únicas plantas capaces de ofrecer este nivel de calidad. Esto nos abre una nueva área de crecimiento y justifica una inversión de cientos de millones de euros.

Al final, debemos ser conscientes de que sin una industria química sólida en Europa no hay fortaleza industrial ni soberanía tecnológica. Y es algo por lo que merece la pena luchar.

¿Hay alguna característica distintiva de la industria química española que destaque?

La situación en España es similar a la del resto de Europa, aunque presenta algunos matices. El país cuenta con condiciones geográficas que permiten vislumbrar un acceso sustancial, estable y competitivo a la energía verde, siempre que se realicen las inversiones necesarias. La industria química española ha demostrado resiliencia en los últimos años, pero la parte más cercana al inicio de la cadena de valor —la más vinculada a los costes de la energía y las materias primas— se encuentra en una encrucijada crítica, como ha señalado en varias ocasiones la presidenta de Feique, Teresa Rasero.

España dispone de numerosos puntos fuertes, consolidados a lo largo de más de 60 años, pero debe afrontar el mismo reto de pérdida de competitividad que el resto del continente.

Cefic ha reclamado en repetidas ocasiones un «Pacto Industrial Limpio»: un importante pacto industrial europeo que complemente el Pacto Verde con medidas concretas para garantizar una energía asequible, previsibilidad normativa y condiciones competitivas a escala mundial. ¿Qué elementos específicos debería incluir dicho pacto?

En primer lugar, es necesario actuar sobre los costes energéticos de origen político, como las tarifas de red y los impuestos, y replantear el uso de los recursos nacionales. Además, los costes del carbono deben reflejar las realidades globales. Para ello, es imprescindible reformar la próxima fase del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE) y abordar deficiencias clave, como un Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) que, tal como está diseñado, no resulta adecuado para la industria química. No se trata de abolir el sistema, sino de adaptarlo de forma sensata.

Asimismo, se requieren mayores esfuerzos para reducir la carga regulatoria y garantizar que la normativa contribuya realmente a restaurar la competitividad y a atraer inversiones a suelo europeo. Simplificar una regulación anticompetitiva no será suficiente. Por último, debemos estimular la demanda de productos fabricados en Europa. Hoy apenas existe una prima de precio para productos europeos o sostenibles, como los de bajas emisiones de carbono, de origen biológico o circulares. A menudo no se articula adecuadamente el argumento económico a favor de una Europa resiliente y de la transformación ecológica.

A menudo se describe a la industria química como parte del problema y, al mismo tiempo, parte de la solución en lo que respecta a la descarbonización industrial. ¿Cuál es una hoja de ruta realista para alcanzar la neutralidad climática y, al mismo tiempo, preservar el empleo y la actividad industrial en Europa?

La química está en el centro de casi todo. Es el motor de la industria y un elemento esencial para miles de millones de personas: garantiza la alimentación y la salud, impulsa la movilidad y hace posible la vida cotidiana. Para aumentar de forma eficaz la producción de productos circulares y de bajas emisiones, es necesario combinar varias medidas.

En primer lugar, los costes iniciales asociados a estos productos deben trasladarse a los mercados finales, asegurando la disposición a pagar y fomentando la demanda. Esto puede lograrse mediante incentivos u obligaciones a nivel del consumidor, junto con mecanismos de compensación de costes para los proveedores a medida que amplían la producción de materias primas alternativas. Hoy, los materiales vírgenes o de origen fósil siguen siendo más baratos que las alternativas recicladas o no fósiles, lo que hace imprescindibles estas medidas de apoyo.

Además, es fundamental contar con un marco normativo que favorezca la transformación de las materias primas. Esto incluye un enfoque de balance de masa flexible y pragmático, que facilite la integración eficiente de materias primas alternativas en los procesos existentes. En conjunto, estas condiciones permitirán impulsar el crecimiento de productos circulares y con bajas emisiones, avanzando hacia una mayor sostenibilidad y competitividad.

De cara al 2030, ¿qué objetivos debemos alcanzar?

El mundo avanza a un ritmo vertiginoso y muy volátil, lo que nos obliga a pensar en plazos más cortos y a mantener la agilidad. En Europa existe una clara necesidad de recalibrar la trayectoria de reducción de CO₂. Esto no implica renunciar a los objetivos climáticos a largo plazo, sino evaluar con rigor las perspectivas económicas de los próximos años.

Para que la industria europea siga siendo competitiva a escala mundial, es esencial analizar cómo pueden adaptarse instrumentos como el RCDE y el CBAM. Nuestro enfoque debe guiarse por el pragmatismo, la concentración y la rapidez, equilibrando siempre los objetivos climáticos con las realidades económicas. 2026 debe ser el año de la materialización. Las inversiones en transformación solo pueden abordarse desde una posición de fortaleza económica. En definitiva, se trata tanto de las acciones inmediatas que se hagan en 2026 como de los objetivos de 2030.

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Sobre la Gala Dinner de Expoquimia

Con motivo de su 60 aniversario, Expoquimia celebrará el próximo 3 de junio una nueva edición de su Gala Dinner, uno de los eventos sociales más destacados del sector químico en España. La cita tendrá lugar en la Sala Oval del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) y reunirá a 700 directivos de empresas líderes, asociaciones profesionales y representantes institucionales. La velada reivindicará la capacidad transformadora de la química en las industrias de proceso y su papel esencial para acometer la transición verde sin perder competitividad.

Esta gran noche de la industria química contará con la presencia de los CEO y otros directivos de las principales firmas y asociaciones del sector, fomentando el networking al más alto nivel. Por sus sinergias y objetivos comunes, también asistirán representantes de empresas y entidades de otros sectores manufactureros usuarios de soluciones químicas entre ellos el plástico, que celebra su feria Equiplast junto a Expoquimia. 

La Gala Dinner contará con la intervención de Katja Scharpwinkel, miembro del comité ejecutivo de BASF SE y exvicepresidenta del Consejo Europeo de la Industria Química (Cefic), quien en su ponencia aportará una visión internacional sobre las perspectivas del sector y el papel de la química en la reindustrialización europea. Está prevista la asistencia del ministro de Industria y Turismo de España, Jordi Hereu.

En la organización de la Gala Dinner, Expoquimia cuenta con el apoyo de Bondalti, Carburos Metálicos, FEDEQUIM, Grupo IQE, Nippon Sanso, QCinca, QD Quimidroga, Siemens, BASF, Covestro, FEIQUE, Institut Químic de Sarrià (IQS), Kemira, Lleal, Leitat, Messer, Net-Pharma Hub, Quimacova, y Sener