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Entrevista a Juan Ramón Jiménez, CEO de Labbox Group

Con dos décadas de trayectoria, Labbox Group ha evolucionado desde una empresa nacida en Mataró hasta un proveedor internacional de material de laboratorio con presencia en más de 50 mercados. Su CEO, Juan Ramón Jiménez, explica las claves de un crecimiento sostenido, marcado por la internacionalización, la transformación constante y la adaptación a un sector en plena evolución científica y tecnológica.

Labbox nació en Mataró, Barcelona, en 2005 con una idea clara: ofrecer material de laboratorio de calidad a precios competitivos y con un servicio ágil. ¿Qué necesidad del mercado detectaron entonces y qué visión impulsó la creación de la empresa?

El material de laboratorio se comercializa, en general, como un producto sofisticado, con gran valor añadido, dirigido a nichos concretos y con vendedores consultivos y altamente técnicos. Y es cierto que en gran parte es así, pero también existen dentro de ese mundo las commodities, los productos poco diferenciados, casi genéricos e intercambiables, para cuya venta los factores clave de éxito son alto volumen, precios competitivos y entrega rápida. Labbox detectó la oportunidad de crear una empresa que suministrara esos productos de uso general de laboratorio -los menos técnicos dentro de un mundo muy técnico-, centrándose estrictamente en cumplir tres promesas muy simples que resumen lo que la venta de commodities requiere: precio, plazo de entrega y orientación al cliente.

En dos décadas la compañía ha pasado de un primer catálogo con unas 200 referencias a un portafolio con más de 6.000 productos para laboratorio. ¿Cuáles han sido los hitos que han marcado este crecimiento?

El crecimiento ha sido prácticamente continuo y lineal, con cambios y novedades todos los años, así que es difícil destacar hitos concretos. Han sido importantes las fechas de creación de nuestras filiales comerciales en Francia (2009), Italia (2020), Alemania (2023) y Países Bajos (2023). También los lanzamientos de gamas de productos como la de reactivos en 2011, cultivo celular en 2020 o biología molecular en 2021. Y no hay que olvidar que la nave en la que empezamos en 2005 pronto se quedó pequeña y nos hemos mudado ya tres veces, en 2009, 2014 y 2020. Por último, tenemos una serie de hitos tecnológicos: cambios de ERP en 2010 y 2023, de SGA (Software de Gestión de Almacén) en 2011 y 2021 o el lanzamiento de nuestro proyecto de transformación digital en 2020… El inmovilismo y la resistencia al cambio suele ser un freno para el crecimiento de muchas empresas, pero en nuestro caso hemos conseguido crear una cultura en la que la transformación constante está integrada en nuestro día a día y se vive con total normalidad. Lo raro sería que nos quedáramos quietos.

Labbox se dirige a perfiles muy diversos: centros de investigación, universidades, laboratorios industriales o instituciones públicas. ¿Cómo logran adaptar su oferta a necesidades tan distintas dentro del ecosistema científico?

En realidad, más que en el tipo de cliente según el sector, la industria, o si es público o privado, nos fijamos en el comportamiento de compra. La mayoría de los proveedores de material de laboratorio buscan vender a los principales consumidores de este tipo de material que son, por ejemplo, los grandes centros de investigación o la industria farmacéutica. El target de Labbox, en cambio, son los miles de pequeños y medianos laboratorios que existen, tanto llegando a ellos directamente como a través de distribuidores locales o regionales. Nuestro modelo está particularmente pensado para esta venta, y no para negociar con grandes cuentas cuyo proceso de compra es muy diferente.

Uno de los rasgos diferenciales de la empresa ha sido su apuesta por precios estables, entregas rápidas y una fuerte orientación al cliente. ¿Cómo se mantiene este modelo competitivo en un mercado globalizado y muy exigente?

Poniendo esas tres características en el centro de todas las decisiones. Desde qué productos añadimos a nuestro catálogo, con qué proveedores trabajamos, en qué mejoras tecnológicas invertimos o qué perfiles sumamos al equipo, todo está pensado para cumplir nuestras promesas de precios competitivos, entrega rápida y orientación al cliente.

La compañía ha impulsado una clara estrategia de internacionalización, con filiales en varios países europeos y distribuidores en más de 50 mercados. ¿Qué papel juega hoy el negocio internacional dentro del grupo y cuáles son los próximos pasos en esta expansión?

La misión con la que nacimos, “suministrar productos y servicios para laboratorios de todo el mundo a un precio justo”, refleja que nunca concebimos Labbox como una empresa que se limitara a un ámbito geográfico determinado, sino que nuestra vocación era, y sigue siendo, global. Obviamente no se puede abarcar todo a la vez y hemos de ir paso a paso, pero la internacionalización está en nuestro ADN y prácticamente la mitad de nuestras ventas se hacen fuera de España. Además de distribuidores en muchos países tenemos filiales en Francia, Italia, Alemania y Países Bajos, y durante este año crearemos un par más. En ellas intentamos reproducir el modelo que nos ha funcionado en España durante 20 años, y las consideramos como nuestra principal vía para seguir creciendo en el futuro.

El sector de suministros para laboratorio evoluciona al ritmo de la investigación científica y tecnológica. ¿Qué tendencias considera más transformadoras en estos momentos, tanto en instrumentación como en consumibles o reactivos?

Depende del tipo de laboratorio, pero algunas tendencias generales son una mayor presión sobre sostenibilidad, especialmente en plásticos desechables; el incremento del uso de sensores, que reemplazan a otras técnicas analíticas más convencionales; la automatización y robotización; la miniaturización, para trabajar con menos volumen de muestra y menos consumo de reactivos o solventes y, por último, el uso de la inteligencia artificial, que cambiará totalmente cómo se hace el trabajo en el laboratorio (más velocidad, menos trabajo repetitivo, mejor análisis y priorización experimental…), pero que nos cuesta ver si acabará significando que el consumo de material de laboratorio se incrementa, disminuye o se queda igual. Como en tantos sectores, nos toca vivir una época apasionante pero llena de incertidumbres…

La sostenibilidad se ha convertido en un eje central en muchos ámbitos industriales y científicos. ¿Cómo integra Labbox criterios ambientales o de economía circular en su catálogo, logística o procesos?

Hasta ahora hemos introducido cambios aislados, como la disminución de la cantidad de plástico en el packaging y la sustitución, cuando ha sido posible, por plástico reciclado, o la utilización de placas solares en nuestras instalaciones, pero hay que reconocer que llevamos un cierto retraso, que esperamos superar este año, ya que estamos trabajando para obtener la certificación ISO 14001 dentro de pocos meses. Este proceso nos ayudará a identificar, gestionar y reducir nuestro impacto ambiental.

Tras veinte años de actividad, la empresa supera las decenas de empleados y atiende a miles de clientes en todo el mundo. ¿Qué cultura empresarial ha intentado construir y qué valores considera clave para mantener el crecimiento?

Hemos creado una cultura que trata de poner a las personas en el centro, priorizando su desarrollo y bienestar, promoviendo un ambiente ético y colaborativo y creando un entorno de trabajo agradable. Estamos convencidos de que nuestra empresa solo irá bien si tratamos bien a nuestros clientes y proveedores y, al mismo tiempo, solo trataremos bien a nuestros clientes y proveedores si las personas que forman nuestra organización se sienten a gusto en su trabajo. No podemos separar los éxitos de Labbox en estos veinte años de la cultura que hemos implantado, y estoy seguro de que con otros valores distintos no hubiéramos llegado hasta aquí.

Labbox se ha incorporado recientemente como Business Partner de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique). ¿Qué oportunidades abre esta colaboración para la compañía y para el sector?

Nuestra aproximación a FEIQUE se produjo porque vimos la oportunidad de patrocinar los premios SusChem, un galardón que se otorga cada año a tres jóvenes investigadores en el ámbito de la química sostenible. Es una colaboración que nos parece particularmente interesante porque aúna dos temas que nos apasionan: por un lado, apoyar a las personas que hacen ciencia, y por otro reconocer los esfuerzos realizados en encontrar soluciones tecnológicas innovadoras y sostenibles, lo que enlaza con la pregunta anterior sobre nuestros esfuerzos en sostenibilidad. Este es otro granito de arena más en el que estamos involucrados.

Este año participan en Expoquimia, una de las principales ferias de la industria química y del laboratorio. ¿Qué objetivos se marcan en esta edición y qué novedades o propuestas presentarán al sector?

Personalmente soy un firme defensor del papel de las ferias como punto de encuentro con clientes, distribuidores, proveedores, colaboradores de todo tipo e, incluso, con competidores. La tecnología facilita enormemente la interacción en el día a día de las empresas, pero no sustituye los lazos que nacen cuando nos encontramos cara a cara. Por eso, cada vez más hemos ido planteando nuestros stands como ese lugar en el que reencontrarnos, tomarnos un café y estrechar los vínculos con nuestra comunidad, más que en presentar novedades concretas. Esta edición de Expoquimia, además, es muy importante para nosotros porque hemos aprovechado el 20 aniversario de Labbox para ir un paso más allá en nuestra participación y convertirnos en Premium Partner, una muestra de nuestra confianza en la feria.