La industria química europea afronta un escenario marcado por la pérdida de competitividad global, la presión regulatoria y el diferencial de costes energéticos, pero también por su papel cada vez más determinante en la transición energética y la autonomía estratégica del continente.
Este diagnóstico ha centrado el encuentro celebrado en Barcelona como antesala de Expoquimia, organizado por Fira de Barcelona, Foment del Treball Nacional y FedeQuim, con la participación de representantes institucionales y directivos del sector químico y de las industrias de proceso.
Un sector estructural para la industria europea
El sector químico mantiene su posición como columna vertebral de la industria en España, con una facturación de 85.417 millones de euros, un peso del 12% en el PIB industrial y más de un millón de empleos directos, indirectos e inducidos.
Asimismo, consolida su liderazgo exportador, con alrededor del 74% de la producción destinada a mercados internacionales, y su condición de sector intensivo en innovación, con un papel clave en inversión en I+D+i y desarrollo tecnológico.
Infraestructura esencial de las cadenas de valor industriales
Los participantes han coincidido en que la química constituye una infraestructura crítica para el funcionamiento del tejido industrial europeo, al estar presente en más del 95% de las cadenas de valor.
Su contribución resulta determinante en sectores estratégicos como almacenamiento energético, movilidad avanzada, semiconductores, hidrógeno renovable, materiales de altas prestaciones o aplicaciones en salud y biociencias.
Este posicionamiento contrasta, sin embargo, con un nivel de reconocimiento institucional que el sector considera insuficiente para su relevancia sistémica.
Competitividad: energía, regulación y escala industrial
El análisis se ha centrado en tres vectores que condicionan la competitividad de la industria de proceso en Europa.
En primer lugar, el coste energético, con diferenciales de entre dos y tres veces respecto a Estados Unidos y Asia, lo que impacta directamente en la producción de química básica y productos intermedios.
En segundo lugar, el marco regulatorio, caracterizado por su creciente complejidad, la acumulación normativa y la heterogeneidad en su aplicación, con efectos directos sobre inversión, tiempos de ejecución y costes de cumplimiento.
En tercer lugar, la brecha entre generación de conocimiento y escalado industrial, donde Europa mantiene liderazgo científico pero presenta dificultades estructurales para convertir innovación en capacidad productiva, especialmente en proyectos intensivos en capital.
Autonomía estratégica y base industrial
El sector ha advertido de la pérdida progresiva de capacidad productiva en química básica en Europa en los últimos años, con cierre de activos industriales y aumento de la dependencia de terceros países para materias primas y productos intermedios.
Este fenómeno refuerza el debate sobre autonomía estratégica y resiliencia de las cadenas de suministro, especialmente en un contexto geopolítico de creciente fragmentación.
En contraste, el sector químico en España ha mostrado un comportamiento más sólido, con recuperación de niveles de actividad previos a la pandemia y un mayor grado de estabilidad industrial relativa dentro del entorno europeo.
Próxima cita: Expoquimia 2026
El encuentro se enmarca en el camino hacia la próxima edición de Expoquimia 2026, que tendrá lugar del 2 al 5 de junio en el recinto de Gran Via de Fira de Barcelona, junto con Equiplast.
El evento reunirá a alrededor de 800 expositores y más de 21.000 profesionales, consolidándose como plataforma de referencia para la industria química y de procesos en Europa.
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